Oh! La, la… París!


París, la ciudad de las luces, la ciudad del amor…

De día, la ciudad muestra una arquitectura imponente, la gente inmersa en el ajetreo de la cotidianidad, turistas por doquier. Caminar bajo los rayos del sol por las calles de París conlleva a un sin fin de sensaciones; emociones que afloran con cada paso dado hasta que el cansancio nos tumba en alguno de los jardines, dando como resultado un excelente momento para disfrutar de una exquisita crêpe, mi favorita: nutella et banana.

Pero por las noches, París se transforma convirtiéndose en el escenario perfecto para los enamorados. Las luces que iluminan las calles parisinas crean un ambiente romántico que invita a quienes las recorren a desinhibirse en tono un tanto clandestino pero a la vez sensual.

Oh! La, la… París, la ciudad del amor…

No obstante, habrá quien desee visitarla con mucho anhelo, pero en su itinerario no está incluido este romance del que he hecho mención en líneas anteriores. Que no signifique un problema porque esta ciudad merece ser conocida por todo aquel que disfrute del brote artístico que ofrece cada pared, cada edificio, el ondeo de las aguas del río Sena… Sí, se trata de una obra de arte al aire libre, París es simplemente maravillosa.

Confieso que visitar París me creaba altas expectativas. Toda persona que ha pisado la capital francesa solo habla maravillas de la ciudad y de su eterno encanto. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de visitar la ciudad un par de veces y debo reconocer que en ambas ocasiones he quedado fascinada ante tanta belleza. La primera vez en primavera y la segunda a principios del otoño. A pesar de que por estas fechas el clima suele ser bastante impredecible, tuvimos la suerte de disfrutar del buen tiempo en su mayoría, aunque debo reconocer que, después de la lluvia, el brillo de las calles empapadas por el agua le daba a la ciudad un toque mágico.

Disponíamos de poco tiempo y queríamos verlo todo… muchos nos decían que 2 días no serían suficientes para tanto por ver y sin embargo, nos creamos una ruta que nos permitió visitar gran parte de la ciudad. Admito que la ruta que nos trazamos para los dos días fue maratónica y al acabar el fin de semana, quedamos exhaustos pero satisfechos e indiscutiblemente felices.

Día 1

Punto de partida, La Torre Eiffel. Quién no ha visto aunque sea en fotos este icono de la capital francesa? La hemos visto en gran cantidad de películas, anuncios para televisión, postales, etc. Nos imaginamos cómo sería estar frente a ella, de verdad, a sus pies. Cuando la vi a lo lejos me parecía una imagen muy familiar, fue solo cuando estuve bajo esa enorme estructura que me sentí indefensa, minúscula ante ese gigante de hierro. Y allí estábamos, con la mirada hacia el cielo, en silencio, admirándola. Es preciosa, imponente e incluso sofisticada.

Decidimos hacer la fila desde temprano para poder subir hasta lo más alto de la torre. Sin duda, valió la pena la espera. La vista que nos ofrecía el estar allí nos dejó una vez más sin palabras. Incluso pude olvidar por un instante el vértigo que me produce tal altura. Toda París a nuestros pies, qué imagen tan espectacular.

A pesar de lo maravillados que estábamos debíamos continuar si queríamos abarcarlo todo. Muy cerca de la Torre Eiffel se encuentra el Arco de Triunfo, así que decidimos dirigirnos hasta allí. Parece ser que en Francia, o por lo menos París, todo es enorme. De gran altura el Arco de Triunfo se posa en el centro de la Plaza de la Estrella, convirtiéndose en el epicentro de una de las vías más transitadas de la ciudad. De allí parte la Avenida de Los Campos Elíseos, una de las avenidas más famosas de París y me atrevería a decir que del mundo entero. Tiene una longitud de casi 2,7 Km y parte de la Plaza de la Estrella hasta llegar a la Plaza de la Concordia. A cada lado de esta avenida encontramos una gran cantidad de tiendas lujosas, era imposible no detenerse en alguna de ellas aunque sea solo para deleitarnos ante tanto glamour. También ha sido escenario de numerosas películas, desfiles y el muy conocido Tour de Francia.

La Plaza de la Concordia es la más grande de París. En su centro un gran obelisco se impone. Éste fue un regalo dado a Francia por los egipcios que llegó al país y se erigió en el centro de la plaza en 1836.

Después, atravesamos el Jardín de las Tulleríasel más antiguo de la ciudad, hasta llegar al magnifico museo del Louvre. Este museo es el más grande de Francia y el tercero en tamaño del mundo. Frente a él se erige el  Arco de Triunfo del Carrousel. Esta es la casa de una de las obras más importantes del mundo del arte, La Gioconda, de Leonardo Da Vinci, entre otras obras maravillosas.

Por el poco tiempo del que disponíamos, no pudimos detenernos en el museo, visita que hemos reservado para otro momento y con más calma. Así que tomamos rumbo a la catedral de Notre Dame. La primera vez que fui coincidió con la Semana Santa por lo que fue imposible entrar. Afortunadamente, durante la segunda visita pudimos no solo entrar sino deleitarnos con la majestuosidad de este templo religioso. En Notre Dame se desarrolla la historia de Cuasimodo durante la Edad Media; se trata de una novela romántica escrita por Victor Hugo en 1831 y en la que el jorobado de Notre Dame se enamora perdidamente de la bella gitana Esmeralda.

Bordear el Río Sena era imprescindible durante este paseo. Una exposición de puentes se nos presentaba a medida que avanzábamos. Entre ellos hubo uno que me llamó mucho la atención. Se trata de un puente cuyas barandillas están repletas de candados y que hoy representan una tradición entre los enamorados: jurarse amor eterno, colocar el candado en la barandilla y luego tirar la llave al Sena, haciendo del río el único testigo y guardián del amor confesado.

Más tarde llegamos al lugar donde descansan los restos de personajes importantes en la historia francesa. Voltaire, Braille, Víctor Hugo, Marie Curie y Sophie Berthelot son apenas algunos de ellos. El Panteón se levanta en pleno Barrio Latino y dentro de un entorno universitario.

Y como dicen por ahí, barriguita llena corazón contento. Ya era necesario hacer una parada para comer. De la comida francesa no puedo decir mucho, debo admitir que este no fue un paseo que incluyera la gastronomía. El poco tiempo no no los permitía, sin embargo, si íbamos a comer comida rápida, sin duda ésta tenía que ser francesa. Así que decidimos comer en Quick y puedo asegurar que las hamburguesas que allí comimos sabían a gloria.

Ya caía la tarde y teníamos que continuar nuestro maratón por París. Llegamos a los Jardines de Luxemburgo,  considerados como los más bellos de la ciudad. Actualmente es la sede del Senado Francés y su construcción tiene origen en un capricho de la reina María de Medicis (1600 a 1610).

El día terminó con una visita exterior del Hotel de los Inválidos, un lugar que en épocas de Luís XIV, por 1670, estuvo destinado a recibir a los soldados heridos de guerra y que expusieron su vida en defensa de la monarquía.

Ya exhaustos, regresamos al hotel a descansar y recuperar fuerzas para el día siguiente.

Día 2

Este día comenzó con un recorrido por Momtmartre, un barrio que durante muchos años se caracterizó por recibir a numerosos artistas y pintores del siglo XIX.

Nos bajamos en la estación de metro Blanche y fuimos recibidos por el cabaret más famoso del mundo, el Moulin Rouge. Un gran molino rojo que da la bienvenida a los visitantes que recorren una calle con bares y locales de dudosa reputación.

Un poco más arriba, se encuentra uno de los sitios que no podía pasar por alto. Se trata de un restaurante que sirvió como plató de rodaje a una de mis películas favoritas, Amelie. El Cafe des 2 Moulins. La sensación fue estupenda, era como esperar a que en cualquier momento pasara Amelie en frente de nosotros =D

Siguiendo por esa misma calle, hacia arriba, llegamos a la casa del tío de Van Gogh y donde éste vivió algunos años.

Y continuamos subiendo, escalinata tras escalinata. Ya agotados por el esfuerzo, cuando creíamos que ya no podíamos más, allí estaba, resplandeciente, hermosa, imponente, la Basílica del Sagrado Corazón. Valió la pena el cansancio, la espera, el esfuerzo. Todo!!! Arriba en la colina, todo era paz. La vista de París impresionantemente maravillosa. En el interior de la basílica se encuentra la campana más grande de Francia. Al entrar hubo quien dedicó unos minutos para conversar con Dios,  sentirse tranquilo, pedir y/o agradecer, o simplemente a admirar el esplendor de este magnífico edificio religioso.

Nuestra siguiente parada la hicimos frente al Muro de los “Te quiero”. Una gran pared en la cual pudimos observar la frase Te quiero en todos los idiomas del mundo. Así como nosotros la buscábamos en español, hubo quien se acercó a un I love you, un Ich liebe dich, un أحبك y por supuesto un francés Je t’aime

La Ópera Garnier es uno de los sitios más emblemáticos de la capital francesa por lo que no dudamos en acercarnos para darle un vistazo. Hubiese sido maravilloso poder entrar, pero es algo que también dejamos reservado para nuestra próxima visita, porque seguro volveremos!!!

Se acercaba la hora de ir al aeropuerto y coger nuestro avión de vuelta a Madrid, pero no podíamos irnos sin antes tomarnos un café en lo más alto de la Torre Montparnesse. Una vista de 360º de toda la capital francesa bajo la tenue luz del ocaso.

En el avión, el cansancio no nos permitía hablar, solo recordar la gran experiencia de ese fin de semana en una de las ciudades más visitadas del mundo, en la ciudad de las luces, la ciudad del amor.

Qué bonitos recuerdos…

A continuación les dejo un vídeo a través del cual podrán hacerse una idea de lo que fue nuestro corto pero satisfactorio viaje a París. Espero que lo disfruten.

Dedicado a mi hermana y mi madre que compartieron conmigo esta maravillosa experiencia.

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Un comentario en “Oh! La, la… París!

  1. Laurentzi dijo:

    como sabes no soy un “fanatic” de los franceses, pero me gusto! creo que Edith Piaf acompañó de manera muy francesa esta París que nos mostraste a parte de que me hizo recordar una de las cantantes y canciones (La Vie en Rose) favoritas de tu abuela Alecia. Ciertamente esta píldora turistica, es una muestra de lo que mereceria ser vista en varios días mas. Cuando lo hagas o quizás … lo hagamos, me gustaría que acompañaras tu nuevo video con algo de Charles Aznavour y asi completar mi cuadro de recuerdos con uno de lo cantantes favoritos de tu abuelo Valentin junto con Nat King Cole. Me gustó!!!

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