Vivir con miedo… ¡NO QUIERO!


Cuando pienso en los motivos por los cuales dejé mi país para empezar una nueva vida en otro, me doy cuenta que la razón que destaca con mayor fuerza es la inseguridad. Solo la idea de no tener la certeza de llegar a casa sana y salva me producía un nivel de estrés inimaginable.

Por razones de trabajo, muchas veces tuve que salir de casa muy temprano, y cuando digo esto me refiero a muy tempranas horas de la madrugada  (incluso antes de lo que solemos salir los venezolanos para ir a trabajar, lo que ya es mucho decir). Lo mismo ocurría de vuelta a casa, muchas veces durante la madrugada, lo que significaba que tenía que conducir de noche por autopistas desiertas y con poca luz. Por tanto, frecuentemente altas velocidades se indicaban en mi velocímetro y en mi pensamiento solo rondaba una idea, morir estrellada contra un poste antes que ser atacada por un grupo de delincuentes que lo único que quieren es quitarme el carro para luego venderlo por partes y sacar el mejor provecho de ello… y estoy segura que, de sus intenciones, me quedo corta.

Pero no solo eso fue lo que provocó mi miedo constante. Varios eventos importantes ocurrieron muy cerca de mi, de mi familia y amigos. Eventos que sin duda alguna cambiaron mi vida.

Son historias de horror que como a mi, le han pasado a miles de venezolanos y que son una constante en la cotidianidad del país. Hoy me siento a escribir estas líneas como una manera de expresar mi tristeza ante la situación de inseguridad y violencia sin castigo que se vive en Venezuela. Cada palabra en este escrito significa una protesta contra la impunidad y espero que con esto, muchos de los que leen mis escritos me acompañen y me ayuden a no dejar en el silencio todos los actos atroces que nos han tocado de una u otra manera. Se muy bien que este no es un tema novedoso pues es algo que se vive en Venezuela desde hace ya muchos años, los suficientes para decir BASTA YA! Vivir con miedo, ¡NO QUIERO!

Estas son mis historias, pero para proteger la identidad de las personas afectadas no diré nombres ni la relación que éstas tienen… o tuvieron conmigo:

1. El secuestro de una madre.

Al salir de una reunión con sus compañeros de trabajo, una madre de familia se ofrece a llevar a uno de sus amigos hasta su casa, tomando en cuenta que no era muy tarde (8:00 p.m.) y el transporte público ya no estaba al servicio de los ciudadanos de Caracas. Al llegar al destino, 3 hombres enmascarados y armados logran entrar en el vehículo habilidosamente procurando que la madre quede en el puesto del copiloto mientras que su compañero en la parte de atrás. Uno de los delincuentes conduce sin dejar de apuntar con su pistola la cabeza de la mujer; los otros dos, de cada lado del hombre, amenazando su vida con los cañones de sus armas en la cabeza y en el abdomen. 3 ó 4 horas de agonía, rodando por la ciudad, escuchando las voces de los captores que amenazaban con matarlos a cada segundo, oliendo el sudor de la violencia, tratando de aguantar las ganas de llorar pidiendo que por favor los dejen vivir. Finalmente los dejan en algún lugar de la capital, sin zapatos ni cinturones, mucho menos sin dinero. Afortunadamente, en este caso solo se llevaron el carro, el poco dinero que tenían y las prendas de valor que entre los dos sumaban algo de dinero extra. Afortunadamente estas dos personas pueden hoy contarlo… muchas personas no han tenido la misma suerte.

2. ¿Por un celular?

Conduciendo por Altamira, ya para entrar a la autopista, el tráfico demoraba la afluencia de carros y aprovechando la lentitud del avance, decidí fumar un cigarrillo. En lo que fue un abrir y cerrar de ojos, un hombre que en teoría se encontraba vendiendo a los conductores cualquier cosa que puedo asegurar no me fijé, se acerca a mi ventana y sin mayor preámbulo me dijo algo que entendí al instante, con un tono de voz que para mi significó más que una orden: “Dame el celular o te pego un tiro”… esas fueron sus palabras, una y otra vez hasta que obtuvo lo que quería. Recuerdo que se trataba de un NOKIA básico, el modelo más barato y más sencillo de todos… Ni siquiera era un Blackberry!!! Ya lo se, muchos dirán que fue mi culpa por tentar a los delincuentes, pero ahora me pregunto: ¿es que tengo que vivir mi vida en función de los delincuentes? ¿Son ellos quienes determinan todos mis cuándo, mis dónde, mis qué de lo que quiero hacer? ¿Es que acaso no vivo en libertad? Hoy en día resido en una ciudad donde puedo caminar por la calle hablando por el celular sin temor a que me lo roben, ni mucho menos a que me maten por él. Eso es vivir en libertad.

3. La muerte de un amigo que también era padre.

Un chico, probablemente drogado hasta más no poder ataca con el lanzamiento de botellas la fachada de una casa. El padre sale a ver qué es lo que pasa cuando se da cuenta de quién es el agresor. Unas palabras en defensa, una confrontación, una amenaza de muerte que llega a su fin. Ese amigo, ese padre cae muerto en la puerta de su casa, frente a la mirada de su familia… ¿el asesino? quién sabe. Lo único seguro es que está libre, disfrutando de una vida que no se merece. No tengo los números exactos, pero puedo afirmar que en Venezuela un alto porcentaje de la población está armada. Pareciera que en Venezuela, conseguir una pistola es más fácil que un buen trabajo.

4. Atraco por partida doble.

Primer robo: Un chico va al Parque Los Chorros a tomar unas fotos. Un hombre andrajoso se le acerca y le arrebata la cámara para luego desaparecer entre los caminos del parque. El chico corre en busca de ayuda y unos oficiales de la policía, cumpliendo con su trabajo, lo asisten. En una patrulla, van a la búsqueda del maleante al que encuentran en uno de los oscuros rincones de la Cota Mil. El chico lo identifica y el mendigo es capturado con la cámara. ¿Qué pasó con el ladrón? No lo sabremos nunca, lo que si sabemos es que la cámara se quedó en la comisaría como prueba para el expediente con la promesa de devolución en los próximos 15 días.

Segundo robo: pasados los 15 días, el chico va a la comisaría en busca de su cámara. “¿Qué cámara?” Fue lo que recibió en respuesta, para luego concluir con lo siguiente “Lo mejor es que te vayas olvidando de esa cámara… para evitar problemas”. ¿En manos de quién tenemos la seguridad y la justicia de nuestro país?

En Venezuela, las muertes por homicidios superan las cifras de países en guerra. En un artículo publicado en Impacto CNA el 28 de abril de este año, leí que un experto español afirmaba que se trata de “uno de los países con mayor índice de homicidios del mundo, superando contextos bélicos”. (puedes leer el artículo aquí). Durante un fin de semana pueden registrarse, solo en Caracas, más de 50 personas asesinadas, no en vano está catalogada como una de las ciudades más peligrosas del mundo… En el 2008, la revista Foreing Policy publicó un artículo en el cual se mencionan las 5 ciudades más peligrosas del mundo (The List: Murder Capitals of the World), y Caracas es una de ellas reportando 130 asesinatos por cada 100.000 residentes.   En el diario El Nacional (puedes leer el artículo aquí) se nos informa que el pasado fin de semana ingresaron a la morgue de Bello Monte 43 cadáveres… una vez más, solo en Caracas. ¿Es así como nos vamos a destacar ante el resto de los países del mundo?

Estas son solo 4 entre las millones de historias que los venezolanos viven hoy en día. Unas más fuertes que otras, hay quienes viven para contarlo… otros no.  Sin embargo, sin importar el nivel de gravedad de estos ataques, no debemos permitir que nuestra libertad siga viéndose coartada por la anarquía. Esto me pasó a mi, le ha pasado a mi familia y también a mis amigos. Es triste saber que todos nosotros tenemos aunque sea una historia de este tipo que contar. Vivimos con miedo… ¿hasta cuándo la impunidad?.

Tenemos miedo de caminar por la calle, de la persona que tenemos cerca, si expresamos nuestras opiniones, de los motorizados en las autopistas, de la noche, del día, de hablar por el celular, de tener objetos de valor encima… tenemos miedo de tantas cosas que ya no recordamos lo que es vivir en paz.

Voy a cerrar esta entrada con una imagen, porque como dicen por ahí una imagen vale más que mil palabras…

Te invito a compartir tu historia, o la de tu hermano, o la de tu amiga… pero no dejemos que esto quede en el silencio.

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4 comentarios en “Vivir con miedo… ¡NO QUIERO!

  1. Lulu dijo:

    La inseguridad y el miedo de ser víctima no solo de un robo sino de un asesinato es, sin duda alguna el peor sentimiento del venezolano a diario… Aunque es peor sentir la incertidumbre, estar tan lejos de tu familia que continua con ese riesgo…q miedo es recibir esa llamada y esperar lo peor para luego preguntarte xq no estaba ahí… ?!

  2. laurentzi dijo:

    La inseguridad es un problema de vieja data en Venezuela, pero en estos tiempos esta casi q fuera de control. Las causa? Mucha, mala educación, falta de trabajo, la policía subpagada, la corrupción en los cuerpos judiciales, el pueblo armado… corregirlo es difícil, pero debe hacerse antes de ve morir a un pueblo. Para muestra: secuestro de un pelotero la semana pasada, secuestro de un cónsul vchileno, muertes violentas mas de 40 solo la semana pasada….con todo lo que nos pasa, partes de guerra es lo q sigue…

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