Madrid musical


Estamos acostumbrados a ver a los personajes de las películas inmersos en ambientes musicales que nos crean una atmósfera perfecta para dejar aflorar nuestras emociones. Persecuciones, misterios, caminatas bajo la lluvia, el primer beso, la primera noche… en fin, para cada momento hay una melodía que le da a la escena ese toque mágico y que nos envuelve en un sin fin de sentimientos inevitables. Lloramos, reímos, sufrimos, nos asustamos… La música en el cine tiene la capacidad de logar todo esto y más.

Y a veces pienso, cuando voy por las calles de Madrid, ¿qué canción o qué melodía podría estar sonando en ese momento si yo fuera un personaje de alguna película? Entonces saco mi Ipod y enseguida elijo la canción que más se adecua a mi estado de ánimo o la circunstancia que esté atravesando en ese mismo instante, y es cuando me convierto en la protagonista de mi propia película. Maravilloso! Me encanta!

Pero un día, con los cascos puestos, me di cuenta que sí, estaba en un mundo paralelo, solo mío, para mi, conmigo misma. Fue cuando decidí quitarme los cascos, guardar el Ipod y escuchar los sonidos de la ciudad. Fue entonces cuando descubrí a una hermosa ciudad envuelta por la música proveniente de la calle, de los coches, del viento… de sus músicos, de sus artistas. Descubrí a la Madrid musical.

Madrid, por si misma crea la música propia de la rutina de la capital. Sin embargo, numerosos artistas, otro tanto solo aficionados, comparten con nosotros los transeúntes esas melodías y canciones que nos transportan a una época, o que nos crean esas escenas importantes en nuestras vidas; o nos brindan un momento mágico en el acelerado ritmo de la cotidianidad.

Un violín, un acordeón, una flauta, unas copas, unos cubos de basura, una guitarra eléctrica, una voz… Música clásica, rock, un poco de Michael Jackson, una samba brasilera, uno que otro ritmo latino, un bolero… Romance, drama, fantasía, acción, suspenso, terror… todo esto en conjunto crea la escena perfecta, con los personajes más importantes, nosotros.

Todos los géneros cinematográficos en plena vida real. Nos convertimos entonces en los protagonistas de esa gran película que es nuestra propia vida, el día a día, el mañana, el siempre.

Una escena romántica

Otoño. El Sol a punto de ocultarse viste de naranja los alrededores del Palacio Real. Parejas caminando tomadas de la mano, sin prisa. Un chico sentado en los jardines lee algún libro que capta su completa atención. Al fondo, una abuela con sus nietos jugando en la plaza. Una joven es arrastrada sutilmente por su novio hasta el centro del paseo para bailar al ritmo de un tango proveniente del bandoneón de un hombre que, con los ojos cerrados, acaricia su instrumento. El desenlace: una mirada enamorada y un dulce beso en los labios.

Una escena de acción

Metro de Madrid, estación Alonso Martínez. Son las 6 de la tarde y los pasillos del subterráneo están repletos de gente desesperada por llegar a sus casas luego de una larga jornada de trabajo. Un chico pasa a todo gas entre las personas, mira su reloj, parece que va tarde. Al terminar de subir la segunda escalera mecánica que lo conduce al mundo exterior, corre por el pasillo dejando atrás un a dúo que tocan la guitarra eléctrica liberando las notas de un rock de principios de la década de los 90. El chico sale del metro y a lo lejos se escucha la música que le dio ritmo a su carrera debajo de la tierra.

Una comedia al estilo americano

En la esquina de Goya con Conde de Peñalver un hombre lleva un cafè latte. Tiene prisa y acelera el paso. No ha puesto bien la tapa del vaso que lleva en la mano. Un niño pasa con su monopatín y tropieza al hombre provocando así una inmensa mancha marrón en la que era una impecable camisa blanca. Un africano canta y baila alguna canción del desaparecido Rey del Pop, Michael Jackson, con un acento que hace la letra de lo que, con toda seguridad, fue un gran éxito musical, sea casi inentendible.

Un drama

Una mujer en sus treinta camina por la calle Orense. Su rostro empapado por las lágrimas derramadas. Acaba de dejarlo con su novio tras 7 largos años juntos. Anda lento y cabizbaja. Una mujer mayor la acompaña en su pena mientras hace sonar las cuerdas de un violín al mismo tiempo que canta una de esas canciones de antaño, esas que solo se dedican a aquellos que ya no están.

Madrid… una ciudad llena de colores, texturas, olores, sabores y sonidos. Una ciudad de película en tiempo real.

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